QUIERO MICO FRITO...
Lo invito a que dibuje en su mente el siguiente cuadro:
Un anciano enfermo postrado en su cama rodeado de sus 9 hijos. No mucha plática entre ellos, sino lo más cotidiano: Te da hambre Papá?, estás confortable en esta cama? y volvían a quedar callados. De repente el anciano interrumpe el silencio y dice: Quiero micofrito.
Los hijos se sorprendieron y se ven a la cara unos con otros y llegaron a la conclusión que acababan de escuchar el "último deseo de su Padre” y el hermano mayor llevándolos aparte para que el anciano no se enterara de la plática, les dijo: Va a costar mucho conseguir lo que nos pide, pero hagamos la cacha. Vengan dos conmigo y traigan la escopeta.
Pasaron las horas y llegaron con una porta-vianda conteniendo parte del mono ya cocido y bien frito y con una sonrisa complaciente se lo ofrecieron al papá: te traemos lo que nos pediste, estas son porciones de un mono, o sea, mico frito.
Ay hijos míos…respondió el anciano… HACIENDO gestos con la mano… yo me refería a MI COFRE PEQUEÑO que tengo en el armario.
Caramba, dijo uno los hijos, que confusión tan grande! nuestro padre habló mal, dijo micofrito en lugar de decir : mi cofrecito.
Caramba, dijo uno los hijos, que confusión tan grande! nuestro padre habló mal, dijo micofrito en lugar de decir : mi cofrecito.
¡AUXILIO MI GENTE, ME HE PERDIDO !
Cierta familia tenía un pariente que adolecía de una fobia muy extraña y era que pensaba que si salía a la calle se iba a perder y no encontraban la forma de convencerlo que no le iba a pasar tal cuestión.
Al fin lograron que aceptara un plan y era de colocar en su espalda un penacho de plumas de colores vistosos, a nivel de la cintura y le indicaron que para que comprobara que no se había perdido, se tocara de vez en cuando para tener la certeza que todo estaba bien. Le hicieron saber que le prometían seguirlo de cerca para cuidarlo.
El joven aceptó y creyó que mientras tuviera las plumas él no se iba a perder y para que la hazaña tuviera éxito, él sabía que iba relativamente solo, y que sus familiares no estaban accesibles a su vista pero cuidarían desde lejos su caminata.
Comenzó a caminar y tal como acordaron, tocaba el penacho de plumas y se decía así mismo: NO ME HE PERDIDO…
Le duró poco el paseo porque unos cipotes pícaros se dieron cuenta de tan abstracto personaje: llevando plumas y hablando solo. Planearon como distraerlo y le quitaron el penacho de plumas sin que se diera por enterado.
Los familiares no llegaron a tiempo para protegerlo de los bichos abusivos y pasó lo que tenía que pasar: Cuando él se buscó las plumas, éstas ya no estaban en su cuerpo y comenzó a gritar: AUXILIO MI GENTE, ME HE PERDIDO.
LAS GARRAPIÑADAS

Hace años, uno de los Cines de nuestra Ciudad, era famoso por exhibir varias películas en una sola tanda y le llamaban: "permanencia voluntaria”. Me refiero al CINE COLÓN y recuerdo que no había necesidad de salir a comprar golosinas porque pasaban vendedores haciendo tal menester.
Hablando de dicha Sala de Cine, me cuenta mi esposo una bonita anécdota y se las quiero trasladar:
Para muchos era conocido lo que se daba entre dos vendedores: Uno de ellos ofrecía su venta gritando: !garrapiñada ! y el que le hacía la competencia no se quedaba atrás y también alzaba la voz y decía: NUEZ, DE LA BUENA. Y el vendedor de la garrapiñada se enojaba, cuando su competidor usaba cierta astucia para que se le oyera: NO ES DE LA BUENA!!
EL DIABLO ME ACABA DE TOCAR….
Esto sucedió en un internado de señoritas en cierto Colegio de Monjas: La persona que me contó este incidente fue testigo del mismo y fue mi amada Madre, quien estudio en el Colegio Santa Inés de Santa Tecla.
Me contó que una noche una alumna tuvo necesidad de ir al baño y como los servicios sanitarios estaban retirados de los dormitorios, había uno disponible en un pasillo inmediato y como los colegios de ese entonces tenían la particularidad de poseer un ambiente de mucha quietud y no digamos en horas nocturnas, las internas tenían que usar lámpara de mano para desplazarse a dicho lugar.
Miren lo que pasó:
Una interna que tenía fama de ser la más fregona, había ido al sanitario y cuando se dispuso regresar al dormitorio se percató que iban al baño 3 internas y se regresó , apagó la luz de su lampara y se quedó escondida detrás del retrete para jugarles una broma. (en esa época eran baños de fosa y quedaba un espacio donde cabía una persona acurrucada.) La fregona no sabía que entre las 3, iba la que era extremadamente miedosa, esa interna, era cosa seria, pues su miedo era tal que si le pasaba algo en la oscuridad, se iba armar la de San Quintín.
Y así fue. Paso al retrete la miedosa ( por eso se hacía acompañar por otras) y dejó medio abierta la puerta para que la luz de la lampara que llevaban, les alumbrara tanto a ella como a las que quedaban afuera. Cuando se sentó, sintió que unas manos bien heladas le tocaron las pompis y ya se imaginan los gritos que pegó: despertó a todo el internado y salió corriendo así como estaba, (con su prenda interior fuera de lugar) y gritaba como loca por los pasillos: El diablo, el diablo, me acaba de tocar...
Al día siguiente, a primeras horas del día , las involucradas del escándalo, fueron llamadas a la Dirección donde la madre superiora impuso un castigo muy fuerte a la alumna que se hizo pasar por el diablo.
Amados lectores:
Espero hayan pasado un momento grato leyendo lo anterior. Esta vez no tengo aplicación bíblica pues son anécdotas contadas en nuestras tertulias familiares y como he dicho anteriormente, todos tenemos muchas cosas que se pueden compartir y los invito a que hagan remembranzas de las situaciones que se dan a nuestro alrededor. Es saludable hacerlo.
Con mucho aprecio,
Oveja Agradecida













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