Remembranza
Hace 59 años un Misionero y su esposa llegaron a invitar a mis Padres para que asistieran al Templo que recién habían abierto frente a nuestra casa. En ese entonces vivíamos en Honduras.
Mis Padres se habían
hecho de muy buenas amistades; entre ellas una familia salvadoreña de apellido
Cárcamo-Rodríguez..
Tengo tan presente
sus nombres: doña Lolita y Nena su hija, eran las que nos visitaban; eran
reconocidas como evangélicas protestantes, hago esta salvedad porque en esa
época eran muy pocos los convertidos a Cristo, escuchaba pláticas de los
mayores donde le señalaban como extraños y de tenerles cuidado, estoy segura
que mis padres mantenían un estrecha y sincera amistad, por ser una familia
ejemplar, aunque no estaban de acuerdo con la doctrina que ellas profesaban,
pues insisto, antes era tan raro encontrarse como se decía: con gente
evangélica.
Estos misioneros eran norteamericanos y se hicieron acompañar por las dos personas, amigas de mis padres para invitarlos a las reuniones. ¡Como tengo bien claro ese
día! No he olvidado cuando mi papá les dijo que ellos no podían asistir, pues
no podían cerrar el negocio, me eligió como representante de la familia, (somos
4 hermanos) y les hizo saber que asistiría sólo los días domingos.
Asistí por varias semanas, donde pasaba muy feliz, rodeada de
niñas y niños en cuenta los hijos de los misioneros, durante la hora de la
escuela dominical, nos repartían papelería impresa que llamaba la atención para
leerla y colorearla, y nos prestaban juguetes muy bonitos, nos daban un
refrigerio bien delicioso, recuerdo que disfrutaba cuando llegaba el día
domingo, pues cada cosa salía de lo común.
Las clases de biblia
eran en un salón bien decorado, la esposa del pastor hablaba bien el español y
nos contaba historias bíblicas muy bonitas y empleaba bastante material que yo
no estaba acostumbrada a ver y recuerdo que en una de mis tantas visitas los
días domingos, me preguntó si quería aceptar a Cristo como mi Salvador y yo
dije que Sí, oraron por mí y me dijo que mi nombre había sido escrito en un
libro que Dios tenía en el Cielo. ( ¡ desde mis 7 años tuve esa linda bendición ! )
Cuando les conté a
mis padres, ellos ya no me permitieron asistir. Ellos cuidaban su FE católica
con mucho celo, me ha sido contado que mi
mamá quedó huérfana, de nacimiento, ya que mi abuela no sobrevivió al parto, y
una tía la crió hasta los seis años, y el abuelo al contraer nuevamente
matrimonio, la internó en un Colegio de monjas, hasta que egresó como maestra.
Lo mismo le sucedió a mi papá, por vivir en un pueblo lejano a la capital, lo
internaron en un Colegio de los Salesianos, por lo tanto, la religión católica
la tenían bien arraigada, y no iban a permitir que una niña siguiera escuchando
algo que ellos consideraban una nueva religión.
No existen las casualidades cuando es Dios actuando a NUESTRO FAVOR.... porque cuando regresamos de Honduras y venimos de regreso a El Salvador, mis padres eligieron venir a la ciudad de Santa Ana y se encontraron con doña Lolita y Nena, quienes traspasaron el negocio con todo y casa a mis padres y allí vivimos muchos años.
Como repito no existen las casualidades cuando es Dios actuando a NUESTRO FAVOR.... porque cuando cumplí 15 años de edad, ( 1966) mi hermana mayor quien residía en en la ciudad de South San Francisco, al año de haber llegado yo, por asunto de trabajo tuvo que trasladarse a la ciudad de San Francisco y fue Nena Cárcamo, la hija de doña Lolita quien nos tuvo de pupilas. ( wow) Nena, invitó a mi hermana para que la acompañara a la iglesia adventista y volvió a pasar lo que se dio en Honduras: Mi hermana no acepto la invitación y me envió como representante de ella. Sorprendente, verdad? Asistí 2 años y nunca voy a olvidar que fui parte de Coro de la Iglesia. ( regresé a Santa Ana en 1969).
Mis padres nos criaron con verdaderas normas
de moralidad, nos enseñaron el temor a Dios, el respeto hacia los demás, nunca
se les escucho decir “malas palabras” pues no las tenían en su vocabulario, aún
la palabra tonto no era permitida, pues a mis trece años se la dije a mi
hermano menor y mi papá me pegó tan fuerte en mi boca, que me hizo sangrar.
CÓMO NO ESTAR
AGRADECIDA CON DIOS, SI DESDE QUE EL ME ENCONTRÓ MI VIDA CAMBIO DE FORMA
RADICAL.
Gracias por leer
este testimonio. Que el Favor de Dios
esté sobre cada uno de nosotros. Amén.
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